George Rodéz

“¿Sueño o Pesadilla?”

         A pesar de lo que parece ser una narrativa en las pinturas de George Rodéz, cualquier intento de entender o “leer” el cuento resulta confuso. Quizás es mejor así. Sin entender completamente el origen de sus imágenes, al espectador se le permite interpretar e identificar los caracteres y sus acciones dentro del reino de su imaginación y experiencia.  Las figuras se convierten en todo-hombre, toda-mujer y sus esfuerzos diarios, tan dispares como parecen, y llegan a ser universales. Rodéz concibe el arte de la pintura para yuxtaponer los recuerdos de sueños con el proceso de la creatividad.  Así como los Surrealistas hicieron hace muchos años, él se embarca a liberar el mecanismo del subconsciente, interrumpiendo procesos de pensamiento consciente por el uso de sus propias imágenes irracionales, y pintando otra realidad. Así fue el ejercicio concebido por Andre Bretón, líder, auto nominado, del movimiento Surrealista oficial en los años 1920s, en París, cuyos escritores y artistas fueron entrenados y alentados a enjaezar su mundo de sueño en un surrealité de palabras e imágenes. Rodéz emplea un semejante, aunque más contemporáneo, método de proporcionar una imagen para un estado de la mente fuera de donde él podría producir su obra y su nueva realidad. Esta realidad es personal, pero tan provocativa y extraña que el espectador no puede ayudarse al sumergirse en el dilema de los protagonistas y compartir su espacio morboso.  

El mundo que él crea es tan absurdo como las personas que realizan sus dramas claustrofóbicos y multi-dimensionales.  Imagínese una escena con pasillos y espacios que desaparecen en ángulos infinitos y en las perspectivas de cada objeto que interviene con apariencia de normalidad, y personas que existen realmente (y se realizan) dentro de estas paredes. El sentido de caos desafía la gravedad y puede ser tan preocupante como una pesadilla o tan humorístico como una casa de diversión. Todo depende del punto de referencia, y del artista que bravamente esta compartiendo algo de sus reflexiones interiores, pero que no revela apenas lo que ese algo es, o lo que significa.  El espectador es libre de interpretarlos como sueños, pesadillas o apenas como extraños resultados de la creatividad del artista.  Aunque los métodos para la interpretación del mundo de los sueños se puedan ver como una continuación de las viejas exploraciones de los Surrealistas, indudablemente los nuevos conceptos acerca de la producción del arte, la expresión del subconsciente, y un análisis más avanzado de la psicológica, informan la obra de George Rodéz como un artista de hoy que es capaz de describir su propio “reino de lo maravilloso,” como los Surrealistas describieron el nuevo mundo y sus esfuerzos de comunicación consciente por medio del inconsciente.

Rodéz inventa su propio vocabulario de símbolos, o utiliza símbolos bastantes reconocidos en su propio método de comunicación vía su idioma artístico. Recuerda la obra de Ernst Máx, uno de los más exitosos en interpretar la teoría de la imagen Surrealista como “pura creación del espíritu,” en palabras del poeta Paul Reverdy. Ernst era un artista de lo inesperado y su obra la apropiación de una imaginación y un repertorio intenso de símbolos. Para Rodéz, los símbolos llegan ser la objetivación de la actividad de soñar y proporcionan un curso o una transición a la realidad a través de la pintura. El se refiere o reproduce la condición de estar soñando en imágenes que revelan la inesperada coincidencia de tiempo y lugar que forma parte de tales condiciones irracionales.  Sin embargo, en todas sus pinturas, con todos sus ángulos de temor, peligro y riesgo representado en colores oscuros, el artista quiere que el espectador encuentre un mensaje de optimismo, no de tragedia. Los sueños son su pasillo a la esperanza.

Carol Damian, Ph.D.

Associate Professor & Chair, Art & Art History

Florida International University. (F.I.U.)

Miami, Florida